Curado

SECADO Y CURADO: EL ARTE DEL EFECTO Y EL SABOR

Un cultivador de cannabis siempre se arriesga. Una cosecha significa meses de trabajo duro, desde la

selección de la genética hasta el proceso vegetativo, floración, maduración de los cogollos y recolección. Después de todo este esfuerzo, dedicación y espera, llega la etapa final. ¿Y ahora?

Cogollos

Tras meses de riesgo, dedicación y trabajo duro, la cosecha se ha recolectado. Ahora es demasiado tarde para corregir los posibles errores cometidos durante la floración, pero nunca es tarde para mejorar el sabor y el efecto de los cogollos llevando a cabo un proceso de secado y curado controlado. Secar es tan importante como cultivar, y un mal proceso de secado puede arruinar los mejores cogollos. Curar es un paso largo, doloroso pero necesario para conseguir la mayor calidad posible. La mayoría de los

cultivadores “comerciales” no curan sus cosechas, simplemente secan y venden. Pero para el experto de verdad, curar es la esencia de todo, el momento culminante para un resultado perfecto.

 

El secado de la marihuana es reducir el contenido del agua de los cogollos en un 10-15%, dependiendo de lo crujiente que se desee el producto final. Esto se puede lograr de muchas maneras diferentes, pero el mejor método es usar una habitación controlada climatológicamente. Esta habitación debe iluminarse utilizando tubos fluorescentes verdes especiales (luces de laboratorio, de un espectro verde especial que no afecta el material). La temperatura y la humedad deben controlarse constantemente y ajustarse, y el intercambio de aire debe calibrarse exactamente al volumen deseado. En una situación ideal, la mayoría de la humedad se evapora de los cogollos en los tres primeros días, y luego el proceso debería hacerse más lento. Durante los primeros tres días, mantener una temperatura de unos 20 grados Celsius y una humedad relativa del 55%, asegurará que tus cogollos reduzcan drásticamente la humedad entre un 30 y un 40%. A partir de este momento, la temperatura debe reducirse hasta los 18 grados Celsius y la humedad relativa debe aumentarse hasta un 60% para reducir la velocidad del proceso de secado. Esto permite que la clorofila y otras sustancias abandonen los cogollos a través de la evaporación del agua. Si el secado es demasiado rápido la clorofila se mantiene, y el humo tendrá un sabor más amargo y un regusto a verde. El volumen de intercambio de aire en la habitación también es crítico. No exceder del 10% del total del volumen cada hora, o de lo contrario será demasiado rápido. Utiliza un temporizador y ventilador con cierre y apertura del conducto para regular la entrada y salida de aire. En total, el proceso de secado tarda alrededor de 10 a 14 días para conseguir un sabor perfecto. El sabor no es la única variable a la que afecta el proceso de secado. Cuanto más largo es el secado, más THC degenerará en CBN y otros cannabinoides. No obstante incluso en la misma variedad, el efecto cambiará sutilmente de más eufórico a más narcotizante, de subidón o más físico. La diferencia entre secar 10 o 14 días no es muy evidente para el novato, pero es todo un mundo para el entendido.

Después de secar, los cultivadores “comerciales” empaquetan la cosecha. Normalmente secan los cogollos, reduciendo el agua en un 15%; el resultado de esto es un producto de más peso (más agua igual a más dinero).

A los expertos, por otro lado, les gustan sus cogollos con un contenido de agua entre el 12 y el 10% porque el sabor mejora y la yerba quema mejor. Si se van a fumar los cogollos puros, se prefiere menor contenido en agua (8% para un quemado bueno). Por el contrario, cuando la yerba se va a vaporizar, es mejor mantener un contenido de agua más elevado (12 a 15%) para prevenir la combustión de partículas pequeñas a temperatura de vaporización. Así, después de terminar con el secado, los expertos dedicarán un mes o dos a curar. Curar yerba es como envejecer un buen vino. Si la calidad de la yerba está en la media, no merece la pena el esfuerzo y la espera necesarios para curarla. Por el contrario, si los cogollos son de alta calidad está más que merecido esperar un poco más para conseguir lo mejor.

El curado del cannabis consiste en empaquetarlo en una caja de madera o cartón, presionarla ligeramente de tal modo que algunos de los tricomas se rompan y parte de los aceites resinosos y los terpenos se extiendan por la superficie de los cogollos. A algunos cultivadores les gusta curar sus cogollos en recipientes de cristal hermético, pero esto requiere que el recipiente se abra durante una pocas horas todos los días (dependiendo de los factores ambientales de la habitación de secado). Después de empaquetarla de la manera elegida, dejadla en un medio similar al de una bodega (18 grados Celsius, 50% de humedad relativa y absoluta oscuridad) durante 1 o 2 meses. Mantener el control regularmente para prevenir la formación de hongos y moho que dañarían el producto. Si huele a moho o amoniaco, abre inmediatamente el recipiente y deja que los cogollos se sequen en un medio más caliente durante unas cuantas horas antes de continuar con el proceso de curado.

Curar es muy difícil, y debería ensayarse con pequeñas tandas primero. Una vez dominada la técnica, intentadlo con mayores cantidades.

Los cogollos curados siempre tienen un aspecto ligeramente más marrón y tienen un olor característico, el que los verdaderos fumetas adoran desde lo más profundo de su alma. Como un excelente vino, hay algo único en una cosecha bien curada. Curar cannabis aumentará la intensidad del sabor y poco a poco, pero con seguridad, disminuirá el THC a favor de otros cannabinoides. El colocón de la yerba curada siempre es más profundo y más introspectivo, casi llegando a un nivel de herramienta para meditación y la visión interior en algunos casos. El sabor es mucho más complejo y refinado, ganando tanto en profundidad como en variación del bouquet.

Paz, Amor y THC.

Por: Franco
Green House Seed Company
Amsterdam

 

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